lunes, 24 de agosto de 2015


Fronteras
 

Fronteras es un relato que escribí hace unos meses inspirada en el racismo que hubo hace años en América. En el se refleja el racismo y la discriminación hacia los inmigrantes que trataban de sobrevivir por aquellos parajes.

 
 
Me desperté sobre una cama bastante sucia con algunas costuras desgarradas. En mi mano, un cuadro en el que aparecía una pequeña familia con la tez oscura muy parecida a la mía.

Me puse en pie y empecé a indagar en aquel cuarto, puesto que no era capaz de recordar cómo había llegado hasta allí.

Sin obtener respuesta alguna, salí de la habitación de mala muerte en la que me encontraba, y acabé en una enorme casa de paredes plagadas de piedras blancas y encimeras de mármol.

Un silencio se hacía eco por toda la casa, por ello supuse que el resto de la gente que se encontraba allí estaría durmiendo.

Corrí hacia el cuarto donde me había despertada pocos minutos antes y me apresuré a vestirme con unos pantalones marrones bastante desgastados y una camisa blanca acompañada de una pajarita azul marina a juego con el bordado que llevaba el pantalón en uno de los bolsillos y unos mocasines del mismo color de la pajarita. Me puse frente al espejo y no cabía duda de que lo que llevaba puesto era un uniforme. ”¿Será que trabajo aquí?”

Salí de la casa y caminé por las calles amplias y solitarias, pero con un especial aroma a salitre y ha barcos de madera plagados de petróleo y suministros.

Llegué al puerto y me senté en una esquina observando cómo se movían los trabajadores que cargaban grandes bidones que hacían resonar cada vez que los dejaban caer en el suelo.

A lo lejos otro barco llegaba mientras uno de los navegantes gritaba más alto que ninguno; ignoré al hombre y me centré en el extraordinario barco en el que navegaba. En este ponía 1959, año en el que nos encontrábamos.

Un niño pequeño de piel mucho más oscura a la mía y otro con la tez mucho más clara y el pelo negro como el azabache corrían entre las piedras de la cala cuando un silbido que provenía del balcón de una casa cercana allí le hizo quedarse petrificados.

El pequeño blanco como la leche corrió hasta la casa mientras que el niño oscuro miraba al suelo y jugaba con sus pies pisándoselos uno con el otro.

No pude evitar ponerme en pie y acercarme al pequeño que se movía nervioso en el sitio.

-¿Puedo ayudarte?-Dije poniéndome de rodillas frente  a él.

El niño miro hacia ambos lados asegurándose de que el terreno estaba libre y me puso las manos encima de los hombros cuando  un hombre entrado en kilos pego un tirón de su hombro para atrás mientras articulaba las palabras:

-Tu a trabajar negro.-Mientras se le escapaban algunas carcajadas.

Me quedé varios segundo contemplando al niño caminaba hacia el barco y cargaba con cajas cargadas de hierro; las que todas las semanas se exportaban en estos barcos desde el país vasco.

Camine indignado debido a la injusticia por las aceras vacías y con las manos en los bolsillos hasta que un hombre, un blanco, me arrojó a la carretera de un empellón.

-¿Por qué ha hecho eso?-Pregunte con miedo pero intentando mantener la compostura.

-Tu cállate negro.-Me espetó.

Entonces me mire la mano, era cierto, era un negro; pero no lograba entender el porqué de ese comportamiento hacía nosotros.

 Dolorido me levanté y seguí mi camino intentando evitar cualquier enfrentamiento con aquel hombre que parecía haberme empezado a seguir.

Llegue a la puerta de una cafetería y me adentre en ella con la intención de protegerme de aquel individuo. Al entrar vi a barias familias tomando chocolate y churros con sus elegantes vestidos de seda y trajes con extravagantes corbatas de colores. Cerca de la cocina, un par de familias con pantalones de pana y camisas de trabajo tomaban café y tostadas; finalmente, en un cuarto aparte un barullo de gente oscura recostada contra la pared tomaba café aguado.

El hombre que me había estado siguiendo entro en el bar y apoyándose en mi como si de un perchero se tratara me señalo el pequeño cuarto apartado y me empujó hacía él.

Un grupo de hombres que se encontraban en el cuarto me hacían señas para que me acercara allí lo antes posible, y así hice, a grandes zancadas me aproximé hasta donde ellos se encontraban y tomé asiento en una de las esquinas que quedaban libres.

Al lado un hombre mayor canturreaba una canción que se me hacía conocida; el hombre no era tan oscuro como los demás, a juzgar por su físico, yo hubiera dicho que de un boliviano se trataba,  el hombre giró la cabeza y con un leve “chsst” llamo mi atención.

-¿Cómo te llamas muchacho?-Me pregunto con los ojos entreabiertos.

-Fre…Frederich, puedes llamarme Fredy.-Respondí tartamudeando.

-¿De dónde eres?-Se empeñó el hombre en sacarme información.

-Pues la verdad es que no lo sé.

El hombre se froto la calva confuso y preguntó de nuevo:

-¿Para quién trabajas?

-Tampoco lo recuerdo

El hombre se llevó las manos a la frente como si estuviera preocupado y siguió:

-Mi hermana empezó así y al final no se reconocía ni a si misma, te cuidad chaval, hay unas enfermedades muy raras por aquí… seguro que es algo que nos echan en la comida.

-No sé de qué me esta hablado señor.-Le dije confuso.

-Yo tampoco, pero mira a mi hermana; amnesia nos han dicho que tiene y te lo digo a ti también chaval, tú también lo tienes.

No respondí a ese comentario, no sabía a qué se refería hasta que otro hombre se acercó y se sentó al otro lado mío, quedando así los tres en una L que era ideal para que nos escucháramos los unos a los otros.

-No te puedo decir a ciencia cierta que tengas amnesia, pero si te puedo decir que es muy probable. Me llamo Bob y trabajo contigo en la casa de los Beerhouse; el otro día sin ir más lejos, tu y yo estuvimos mirando en el libro del señor sobre este tema ¿No lo recuerdas Fred?

No contesté, me limité a mover la cabeza de un lado a otro nervioso y confuso “¿Qué me está pasando?” pensé.

Presa del estrés y la confusión me levanté y corrí hacia la casa en la que me había despertado horas antes.  Una vez allí, me tiré en la cama y cerré los ojos con fuerza cuando oí un papel crujir en mi espalda; me levanté y vi una carta amarilla con pequeñas manchas de humedad que cubrían la mayor parte de la solapa del sobre.

La abrí y descubrí el mensaje que venía directamente de mi familia, que por algún extraño motivo no conocía:


Hola cariño, soy mamá.

Hace unos días nos llegó tu carta en la que manifestabas tu preocupación por lo que parecía una enfermedad rara; por eso ahora más que nunca te pido que vuelvas a Senegal, tu hogar, no importa el dinero, ven antes de que sea tarde, antes de que te pierdas por América sin remedio alguno. Aquí tus hermanos, tu padre y yo te esperamos con los brazos abiertos.

Deja atrás ese lugar donde tanto nos odian, ese lugar donde no tenemos lugar, donde no somos más que animales de trabajo. Disfruta de tus últimos días aunque sean pocos junto a nosotros.

Te esperamos

Mamá

 

Lleno de valor y con la carta de mi madre entre las manos  metí todas mis pertenencias entre una sábana blanca y corrí hacía el puerto.

Allí me escondí entre las cajas de madera plagadas de hierro y llame al chiquillo de antes con un leve “chsst”.El crío se acercó a mí con los ojos como cazos y le pregunte:

-¿Alguno de estos barcos se dirige a Senegal?

El niño alzo el brazo y señaló un barco blanco y rojo. Me despedí de el con un gesto y me colé en la cubierta escalando entre las cajas de madera. Una vez dentro, me las apañé para entrar en el baño de señoras, cosa que no entendí ya que no era muy normal que las señoras trabajaran, y menos en barcos. Y me encerré en él hasta que el barco cesó.

Finalmente era libre, tenía que tomar una decisión y tomé la acertada, no me merecía vivir en un sitio donde no me querían, menos ahora, que finalmente me han diagnosticado amnesia, una enfermedad que hace que pierda los recuerdos, por eso estoy aquí hoy, para que en el futuro lea esto y pueda recordar la valerosidad que mostré escapando de las garras de ese injusto país.
 
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                                                                                              April.
Twitter: @horadelecturas
 

 

 

1 comentario:

  1. Es un relato increíble. Me ha llegado, la verdad. Es una triste realidad que, con suerte, se va yendo poco a poco. Escribes muy bien. ¿Lo haces a menudo? Saludos 😊

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